La megafonía cumple un papel importante en numerosos ámbitos. Esta tecnología nos permite transmitir mensajes a grandes cantidades de personas, pudiendo así evitar accidentes u otros problemas. Los sistemas de megafonía han avanzado mucho en los últimos años, pero su uso generalizado es bastante antiguo. Si quieres conocer su historia, no te pierdas esta entrada.

Las primeras ideas de la megafonía para empresas

Estos sistemas amplifican, por medios electrónicos, la distancia a la que puede llegar un sonido. Se componen de un mezclador, amplificador y altavoces, los cuales pueden ser más o menos complejos y de un tamaño u otro en función de las necesidades. Esto es lo que ocurre en el caso de la megafonía para empresas, que está pensada para la intercomunicación entre diferentes plantas de un edificio, por poner un ejemplo.

Los primeros prototipos de estos sistemas se inventaron en 1903, y utilizaban transmisores de arco. También eran conocidos como transmisores Poulsen (porque fueron ideados por Valdemar Poulsen). Además, este mismo inventor, junto a Peter L. Jensen, comenzó a realizar pruebas con el micrófono de carbón. Para comprobar su funcionamiento, ambos inventores llevarían a cabo el primer ensayo en público y de largo alcance, el cual fue un éxito.

La prueba se realizó en 1908 y se logró transmitir el sonido del habla humana de forma clara a un kilómetro y medio de distancia. Otra puesta en práctica de las posibilidades de esta tecnología la llevaría a cabo Hiram Johnson, gobernador de California, al hablar a un auditorio mientras permanecía en casa, gracias a un micrófono conectado a unos altavoces.

Ante unos resultados tan apabullantes y exitosos, estos sistemas serían cada vez más usados a partir de 1920. De hecho, el presidente estadounidense Warren G. Harding sería el primero en disponer de un sistema de megafonía para sus intervenciones.

Mejoras y avances

Como has podido ver, estos sistemas comenzaron a extenderse hace un siglo más o menos. Así, se desarrolló la megafonía para grandes almacenes y otros espacios en los que se aprovecha al máximo. En la década de los 70 se consiguieron diferentes mejoras en los amplificadores, en especial en los de clase A y AB que eran muy comunes. Esto supuso una mayor claridad a la hora de transmitir las ondas sonoras, mejor calidad de sonido y eficiencia de funcionamiento.

Dando un salto de gigante en el tiempo, en 1997 se desarrolló el amplificador clase D. Este conseguía una conservación de la salida de frecuencia mejorada y efectiva, lo que supuso un gran cambio que terminó por aplicarse en diversos espacios. Buenos ejemplos son las grandes áreas comerciales, o lugares como las estaciones de trenes o de autobuses. En todos ellos es necesario enviar avisos, muchos de ellos relevantes, de forma clara y cubriendo una superficie extensa que alberga a cientos de personas.

En las primeras décadas del siglo XXI, los sistemas han ido ganando en complejidad. Uno de los grandes avances fue la generalización de las variantes portátiles. Se encargan de transferir sonidos de baja frecuencia a un subwoofer separado para mejorar la claridad y que no se pierda potencia. Asimismo, es posible añadir diferentes efectos durante la transmisión, lo que ofrece una amplia gama de usos y aplicaciones. Por ejemplo, se puede reducir o aumentar la reverberación en función de las necesidades de diferentes espacios.

En definitiva, la megafonía no ha dejado de evolucionar desde hace un siglo y seguirá haciéndolo. Cada vez se encuentran nuevas soluciones que mejoran la calidad del sonido, lo hacen llegar más lejos y con mayor claridad. A lo largo de un siglo se han producido todas esta mejoras debido a la imperante la necesidad de transmitir información.

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